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¿Cómo ven el mundo los bebés? Una mirada desde sus sentidos y sus emociones

bebés

Algo que nos hemos preguntado los padres de familia por mucho tiempo es ¿qué estará sintiendo mi bebé? Me acuerdo la primera vez que cargué a mi hijo recién nacido, me miraba con los ojos bien abiertos, como si intentara entender quién era yo, dónde estaba y qué estaba pasando. En ese momento, me pregunté: ¿cómo verá él el mundo? Porque aunque parecía que me observaba, yo sabía que su vista aún no estaba desarrollada del todo. Lo que yo veía como una habitación cálida, luminosa y ordenada, para él era probablemente un universo borroso, lleno de formas nuevas, sonidos desconocidos y olores intensos.

Esa pregunta me llevó a investigar, leer y observar más atentamente. Descubrí que, desde el primer día, los bebés están percibiendo su entorno con todos los 5 sentidos, aunque cada uno se desarrolla a su propio ritmo. Entender cómo sienten, ven, oyen, huelen y tocan los bebés en sus primeros meses no solo es fascinante, sino también clave para brindar una buena estimulación temprana.

La vista: del blanco y negro al descubrimiento del color

Primero tenemos que entender que los bebés no nacen viendo el mundo como nosotros. Durante las primeras semanas, su visión es bastante limitada: solo distinguen formas grandes, contrastes fuertes y movimientos. En otras palabras, tú puedes estar a un metro de distancia y tu bebé no podrá reconocerte con claridad, pero sí detectará una silueta, una sombra, una sonrisa cercana.

Los estudios indican que:

  • Durante el primer mes, los bebés ven a una distancia de 20 a 30 cm, justo la distancia entre su carita y el rostro de quien lo carga y alimenta.
  • Alrededor del segundo mes, empiezan a seguir objetos con la mirada y a fijarse en caras familiares.
  • Entre los tres y seis meses, desarrollan la percepción de colores, en especial el rojo y el azul y comienzan a ver más detalles.

En casa, lo que hice fue colocar móviles en blanco y negro durante los primeros días, y después fui incorporando colores brillantes, figuras con texturas y espejos para que empezara a explorar su reflejo.

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El oído: una sinfonía desde el vientre

De todos los 5 sentidos, el oído es uno de los más desarrollados al momento del nacimiento. Incluso desde el útero, los bebés ya reconocen voces, ruidos y melodías. Por eso, muchas veces se calman cuando escuchan la voz de su mamá o una canción que oían durante el embarazo.

Cuando nació mi bebé, noté que se sobresaltaba con ciertos sonidos. Más adelante entendí que su oído ya captaba la intensidad y dirección de los ruidos, aunque aún no comprendía su significado. Lo interesante es que, poco a poco, fue reconociendo mi voz, y solo con escucharme se tranquilizaba.

¿Y qué podemos hacer como papás? Hablarle mucho, narrar lo que estamos haciendo, cantarle, leerle en voz alta. La estimulación temprana auditiva no necesita tecnología, solo contacto humano constante. El momento ideal es cuando les damos leche materna y podemos conectarnos cerca, hablale a tu bebé, cantale una canción o sólo dile cosas bonitas.

El tacto: el primer lenguaje de amor

El tacto es el sentido que primero se desarrolla en el vientre y el que más ayuda al bebé a sentirse seguro en este nuevo mundo. Un abrazo, una caricia, el calor de una cobija, todo eso le comunica más que mil palabras.

En los primeros días, yo solía cargar a mi bebé piel con piel, sobre todo cuando estaba inquieto. No había necesidad de hablar: el contacto físico lo tranquilizaba como por arte de magia. También empecé a darle masajes suaves después del baño, como forma de conexión y de ayuda para su digestión y su descanso.

La estimulación táctil se puede dar de muchas formas:

  • Ponerlo sobre superficies suaves y seguras para que explore con sus manos y pies.
  • Ofrecerle objetos de distintas texturas.
  • Permitirle estar descalzo y sin guantes para que conozca su cuerpo.

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El olfato: memorias que quedan grabadas

Esto es algo de lo que más me ha sorprendido y ahora tiempo después, me hace mucho sentido. Los bebés reconocen el olor de su madre desde los primeros días, incluso antes de que puedan verla bien. El olfato está tan desarrollado al nacer que es una de sus herramientas más potentes para reconocer el entorno, pero también, quizás uno de los sentidos que menos impulsamos en los procesos de estimulación temprana.

Recuerdo que usaba la misma loción ligera todos los días, y cuando alguien más cargaba a mi hijo, él se inquietaba. No era casualidad: los bebés identifican a las personas por su olor, y eso les da seguridad.

En la estimulación temprana no hay que olvidar este sentido. Podemos presentarle olores suaves de frutas, flores o incluso nuestras propias prendas. Todo eso le ayuda a ir construyendo sus primeras memorias sensoriales.

El gusto: más allá de la leche

Aunque durante los primeros seis meses los bebés solo toman leche, ya tienen papilas gustativas activas. De hecho, estudios han demostrado que los sabores que la madre consume durante el embarazo y la lactancia influyen en las preferencias del bebé.

Yo me di cuenta de esto cuando, al comenzar con la alimentación complementaria, mi hijo aceptaba mejor los alimentos que yo había consumido frecuentemente mientras lo amamantaba. Era como si ya los conociera.

A mi segunda hijo lo alimentamos con fórmulas lácteas por lo que esa conexión con lo que yo comía no aplicó tal cuál. En ese tiempo le dábamos Enfamil Confort de precio bastante accesible para lo que incluía, pero el sabor era muy bueno, y a la fecha le sigue gustando ese sabor, como si se acordara.

A partir del sexto mes, se abre un abanico de experiencias de gusto. Es importante ofrecer sabores naturales, sin sal ni azúcar añadida, para que el bebé descubra los alimentos en su forma más pura y construya una relación positiva con la comida.

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Ver el mundo como ellos: una experiencia que transforma

Comprender cómo perciben el mundo los bebés me ayudó a bajar la velocidad, a observar más y a disfrutar cada momento. Cuando sabes que tu voz, tu olor, tus caricias y tu forma de mirar impactan directamente en su cerebro en formación, cambia tu manera de criar.

Los primeros meses de vida no son una carrera por alcanzar hitos, sino una oportunidad irrepetible de conectar a través de los sentidos. El aprendizaje real no viene de tener más juguetes, sino de brindar experiencias significativas, simples y constantes.